
Y esto no es de extrañar, ya que la persona que no ama su trabajo, que no se siente bien retribuida por el mismo, que lo encuentra monótono y aburrido, que no tiene esperanzas de cambio, que no goza de un buen ambiente en el mismo y, en definitiva, que lo vive como una obligación tediosa y poco gratificante, tras este corto período de descanso, vuelve a a verse inmersa en aquello que quisiera evitar. Los efectos suelen ser variados: apatía, tristeza, ansiedad, malhumor, cierto tipo de insomnio, problemas digestivos, nerviosismo en mayor o menor grado, ausencia o pocas ganas de seguir con la vida que se lleva, etc. Estos síntomas suelen durar lo que la persona tarda en “adaptarse” nuevamente a su trabajo.
Algunas personas acuden al psicólogo o terapeuta y con su ayuda aprenden e incorporan estrategias para manejar mejor la situación: Técnicas de relajación y abordaje. Meditación. Chi Kung, Yoga, Baile, Tenis, etc, etc. Otras sencillamente aceptan los síntomas y éstos van remitiendo con el tiempo, pero esta actitud no enseña a la persona a reaccionar de forma proactiva en ulteriores situaciones.
Lo importante es que no se dramatice el hecho, ni se hable tan a la ligera de depresión; sino entender que el problema aquí expuesto, no tiene su causa en un desarreglo bioquímico de nuestro organismo como sería el caso de una auténtica depresión mayor o endógena. Lo que hay que entender es que se trata de un trastorno del estado de ánimo transitorio generado tanto por una falta de adaptación a una realidad poco elaborada y por tanto, poco o nada deseada, así como por un miedo a lo que nos supera o a aquello que hemos aprendido a odiar y rechazar: “¡no soporto volver al trabajo!”; “¡no puedo volver a enfrentarme a mi jefe...a ese rol que me supera...a separarme de mis niños pequeños...a enfrentarme a mis incapacidades, etc, etc!” Estas son el tipo de afirmaciones y la actitud que motivan y desencadenan todos los síntomas ya mencionados.
No obstante, podemos dar algunas pautas de reincorporación al trabajo. La primera de todas es: pensar y hablar del trabajo únicamente cuando se está en él y se deba cumplir con el mismo. Al mismo tiempo, descubrir qué tendríamos que cambiar de nuestra actitud para que esta obligación sea más creativa y llevadera, ya que esto siempre lo podemos conseguir. Incorporar a nuestra vida extra laboral actividades nuevas y motivadoras, algunas de las cuales ya he mencionado.
Bajo el punto de vista de la medicina tradicional china (MTC), cada estación está asociada a un órgano, y cada uno de éstos órganos, a su vez actúan sobre las distintas emociones del ser humano. En este caso, el otoño, elemento metal, vinculado a los pulmones, afecta a las emociones de la tristeza y la melancolía, por lo que será muy útil trabajar ciertas series asociadas a estas emociones.

(Sería bueno tener en cuenta que las hojas no caen en vano, sino que son el sustrato de un nuevo florecer; al igual que la melancolía también ha sido la musa para la creación de grandes obras literarias, por lo que no la hemos de rechazar, sino de modificar y utilizar.)
Por ello, los antiguos sabios y maestros chinos, conociendo estos hechos, observaron, estudiaron, y aplicaron éste conocimiento para combatir los estados carenciales, negativos o patológicos del ser humano. Crearon secuencias de ejercicios gimnásticos basados en el movimiento de los animales, en posturas estáticas y dinámicas; aunaron todo su saber y nos regalaron el Chi Kung, un tesoro enormemente valioso para mejorar tanto nuestro estado físico como psicoemocional.
Jeroni Hernàndez
Psicoterapeuta en Sabadell
Gràcies! :)
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